Pasado, Presente y Futuro

Publicado: noviembre 6, 2012 en Uncategorized

Comparto con vosotros el mejor discurso que he tenido el placer de escuchar. La primera vez que lo reproduje en youtube confieso que me fui con la sensación de haberme caído un chaparrón de ideas, impresión que me acompañó hasta que llegué a casa y que me persiguió por varias horas. Fue como estar empapado en agua tras una tormenta durante horas. Era un discurso de esos que marcaban en el instante y que dejaban cicatriz en el alma y en la conciencia por un tiempo. Lo vertebró Julio Anguita, un idealista con los pies en la tierra que allá en 1999, mientras otros hablaban de la fantástica Europa, describía con meridiana claridad qué le ocurría a la España de entonces e incluso qué horizonte se le avecinaba. A la par, los mismos que le tachaban de vivir en la inopia hablaban de un futuro próspero para una Europa unida. La realidad 10 años después habla por si misma y a mi juicio deja a cada discurso (y a cada persona) en su sitio. Comparto además varios  fragmentos del discurso que para mi suponen los puntos esenciales que vertebran un pensamiento progresista. Llama la atención ver cómo sus palabras son perfectamente aplicables punto por punto a la realidad de hoy. Supongo que es otra característica del gran político: al igual que Platón, Aristóteles o Séneca, sus discursos perduran en el tiempo y enseñan en el presente (al igual que los de Rajoy o Zapatero).  Ahi lo dejo, espero que os resulte igual de nutritivo que me resultó a mi. 

” estamos hoy en la España de 1999, en la Europa de 1999, y en el mundo, en un momento en el que, en otras ocasiones de la historia, las sociedades han tenido que escoger un camino u otro: o seguir en la resignación, o plantar cara, la rebeldía que acaba de decir Manolo Cañada. La resignación es un producto que, como cualquier droga, duerme a la gente. Duerme su conciencia. La resignación es como la morfina, la cocaína o la heroína. La resignación es producto de muchas causas: yo voy a enumerar unas cuantas.

 La resignación es hija de ese discurso totalizador, cual si fuese una nueva religión: no hay más verdad que la competitividad. No hay más santos ni más poderes que los mercados. La economía tiene que crecer constantemente: no importa que se contaminen las aguas, que se contaminen los rios, los mares, o los aires. Competitividad, crecimiento sostenido, y los mercados: eso es lo único que importa. Su poder no puede ser contestado, y además, nos demuestra la existencia de las propias sociedades que esto es lo que produce bienestar.

No importa que la gente vea, o quiera ver, en su entorno y en su alrededor hechos que están contradiciendo ese mensaje. Porque para que no se vea, o para que sea menos hiriente, hay sucedáneos. Ahí tenéis la televisión: fútbol, mucho fútbol. Más fútbol que en épocas anteriores de la historia de España

Ahí tenéis concursos degradantes, que no alimentan la razón, el estudio, el análisis. Ahí tenéis la vida de los personajes populares, que se diseccionan y se abren para que atisbemos como si fuéramos aves carroñeras, y olvidando el entorno que tenemos, entremos en lo que ocurre en sus alcobas. Ahí está toda una literatura de evasión, para que la gente no vea. No vea, y por tanto confunda su existencia real con la existencia que le ponen en las pantallas, o en los informativos. Para que ocurra como aquello que tantas veces digo de la viejecita que a finales del siglo XIX estaba vendiendo cerillas en la puerta de la ópera de Madrid, en un mes de Enero, a las dos de la madrugada, atenida de frio, y envuelta en una toquilla, vendiendo cerillas para poder subsistir, y cuando entraban hombres y mujeres envueltos en armiños, en capas con lujo y con joya, decía “Que bien vivimos en Madrid”. Un caso de alienación, un caso de suplantación, un caso de drogadicción.

La imagen, lo bien que vivimos, las historias de alcoba, las revistas del corazón, las frivolidades que hacen olvidar lo que ocurre diariamente, o si se ve, se eleva a otra categoría, como si no fuese lo real.

(…)
Resignación porque los pueblos, cuando tienen problemas, no son rebeldes. El que tiene que comer todos los días, no puede permitirse el lujo de perder, por un acto de rebeldia, un puesto de trabajo. La rebeldía siempre ha surgido de aquellos que comían todos los días.
(…)
Resignación que cae sobre un pueblo que se da cuenta (…) que estamos yendo hacia atrás, que estamos llegando a cotas propias del siglo XIX, que aquella seguridad social para todos, que el tema del subsidio de desempleo va bajando continuamente.
(…)
Resignación que surge de la culpabilidad del propio parado
(…)
Se busca ya, no al ser humano pensante, capaz de la reflexión, de la duda, de la inquietud: se buscan esclavos sin pensamiento. Y por eso no se quiere la historia. Y por eso se desdeña la memoria. Porque los seres humanos somos hijos de la memoria. Yo soy lo que soy porque viví con mis padres, mi recuerdos, mi historia, mis vivencias. Yo soy la actualización de todo un pasado que está vivo. Si me quitan la memoria soy un zombi, un muerto viviente. Y queremos pueblos de muertos vivientes, que se estimulen por el último partido del Barça-Madrid, que se estimulen por la última historia de tal o cual conde, o de tal o cual señora, que digan en los corrillos, incluso en los parlamentos, y en los lugares donde habría de debatirse de los problemas, se cuenten chistes de la vida privada, para olvidar la tremenda realidad
(…)
la rebeldía no es un gesto altisonante. No es un grito, no es un insulto. No es una pedrada, no es una mala contestación: es mucho más profundo. Y esta actitud es una actitud intelectual. Y cuando digo intelectual no quiero hablar de universitarios: de la mente de cualquier ser humano. la rebeldía no es ni más ni menos que el posicionamiento con otros valores y la decisión de hacerles frente. 
(…)
Rebeldía significa defender que hay valores que deben ser mantenidos: el hermoso valor de la igualdad
(…)
Y junto a la igualdad, la libertad.
(…)
Y junto a la libertad, en sentido esplendido de la palabra, la justicia.
(…)
Y la Solidaridad: es un mensaje que nos puede hermanar a todos.
(…)
Y esto es importante: informado, no porque se le den muchas noticias.
(…)
Y austeridad. Austeridad no es miseria: austeridad significa vivir dignamente. Normalmente. Austeridad que significa que la mejor manera de vivir es tener relaciones con otro en el plano de igualdad sintiéndose hombres y mujeres libres en una sociedad democrática.
(…)
Y la Paz
(…)
Y la movilización. Movilizar no ha sido solo llenar las calles de gente, que también: movilizar ha sido concienciar. Nosotros existimos, los que queremos pensar por nuestra cuenta, para perturbar a los demás. Una de las cosas que figura en el evangelio es cuando le preguntan a Jesús de Galilea: “¿Tú que has venido aquí, a traer la paz?” y decía: “Yo no, he venido aquí a traer la guerra”. ¿Y qué quería decir? He venido a concienciar, a perturbar
(…)
Y por último la cultura. La palabra cultura viene de cultivo: cultivarse. Hacerse ser humano cada día más. La cultura no es saber muchas cosas: la cultura es captar todo aquello que la humanidad ha ido produciendo y que nos mueve, desde el arte hasta el estremecimiento por degustar la belleza, a entender cómo la humanidad ha ido superando determinados problemas.”
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Comentarios
  1. Es cierto que es un discurso para tener siempre en el disco duro.
    Después de oírlo seguí escuchando a José Saramago, que también es un discurso a tener presente. Me gustaría no tener que creer que por aquel entonces, año 1999, los problemas que nos han llevado a donde estamos no se quisieron resolver.
    Gran entrada, compañero.

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