Abriendo los ojos

Publicado: febrero 2, 2013 en Uncategorized

Es muy interesante el periodo histórico en el que nos encontramos inmersos. España, ese país que hasta los 70 caminaba con un bagaje de siglo y medio de atraso si lo comparábamos con sus vecinos del norte, salió de una dictadura y como el que se baña en el Jordán, se puso las vestiduras de democracia y comenzó a despegar. Nuestros padres creyeron en la democracia y mientras, nosotros, crecimos en ella. Todo era cuesta abajo, fácil, sin más esfuerzo que el estrictamente necesario. Hasta nos permitíamos en ocasiones dejar de pedalear y dejarnos llevar por el impulso. El andamiaje construido en el periodo constituyente de la transición sentó las bases de un profundo desarrollismo económico. Éste camino que España emprendió en los 70 tuvo su clímax con los gobiernos de Aznar y Zapatero. Éste último llegó a afirmar 2 frases por las que será recordado:  “Estamos en la Champion League de la economía”, “hemos superado a Italia en renta per cápita, y ahora vamos a por Francia”. Las dijo meses antes de la mayor crisis económica de la historia de España en tiempos de paz. Después, en 2008, comenzamos a percibir los primeros atisbos de  despertar de la misma manera que una madre de familia azuza a sus hijos en la cama antes de ir su primer día al colegio. La sociedad española  comenzó a ver como bajo sus pies temblaban los cimientos que hasta entonces parecían asentados 30 años atrás, pero entonces todos pensamos que tan sólo se trataba de una pequeña conmoción pasajera. Paulatinamente nuevas réplicas azotaron  al andamiaje que nos sostenía, réplicas que se conformaban al patrón de ser cada vez la última más fuerte que la anterior. Hasta que un día, los poderes públicos decidieron que había que apuntalar el edificio con el rescate financiero a la base que nos sostenía: los bancos. Fue entonces cuando nos dimos cuenta: todos los cimientos del proceso constituyente creado en la transición y desarrollado posteriormente tenían forma de pirámide invertida en la que unos pocos sostenían al resto.

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En la actualidad, hay personas que a consecuencia de los zarandeos se están descolgando de éste inmenso andamiaje en el que todos nos encontramos y se están literalmente despeñando hacia la más absoluta miseria.  El último caso de éste inmenso fraude de modelo social montado en los 70 lo tenemos ésta última semana. Nuestro jefe de obra, aquel que era responsable de mantener el andamiaje del estado en pie, está inmerso en una presunta trama de dinero no declarado con la finalidad de enriquecerse. Nuevamente los valores del libre mercado instaurado por la Unión Europea (muy amplia en libertad de capitales y pírrica en derechos sociales) están tumbando a nuestra democracia. Quien sabe si lo de nuestro presidente será o no cierto, pero algo es innegable. Está ocurriendo por un frente mientras por otro la administración que dirige sufre un fuerte recorte en su presupuesto público. Es sumamente grave; más de lo que podemos imaginar en un primer momento. Hasta tal punto que, de confirmarse (o no), puede que estemos frente a un caso que tumbe al gobierno. Consecuencias excepcionales a tiempos excepcionales. Que aquel que pide al país que nos apretemos el cinturón sea el mismo que esté señalado por todos con el dedo por existir razones fundadas  de enriquecerse ilícitamente abre la puerta a una posible hecatombe en el ejecutivo.  Sea como fuera, como describía antes lo que le ocurre a España a mi juicio es algo más profundo que la estética solución que podría suponer el mero cambio de la persona que la dirige. Se trata de algo más radical. En la actualidad se están tambaleando los cimientos de España en nuestras narices, es decir, se está tambaleando la economía y nuestra propia concepción de estado. Y con semejante problema bajo nosotros, no basta para salir de él un cambio en la dirección, si no que pienso que es necesario apuntalar bien la casa (si queremos que no se caiga de nuevo), o quién sabe, dejar la puerta abierta a  derrumbar éste edificio de 35 años que cada día se resquebraja más para hacer uno nuevo al servicio de todos los que vivimos en él y nos beneficiamos de su cobijo.  Y esto último se traduce irremediablemente por abrir un nuevo proceso constituyente. Porque como leí hace poco en una pintada en un baño público: “Cada día es más difícil engañar a la gente”. Estamos poco a poco y cada vez con más nitidez abriendo los ojos y viendo que todo éste andamiaje sólo favorece a una parte de la sociedad: al grupo dominante.

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